poesía

poema

Ahí afuera todo es tan grosero
hinchado,
estoy descoordinada,
desconectada
a ratos doblada sobre
mí misma, te pido ayuda
ayuda de pájaro herido.

Ya ni el cielo me responde,
estoy a medio camino de la muerte
de ser revelada en un pergamino.
Tengo una fecha fija en el calendario.

Mi hermano anda torcido,
sin engranajes,
y mi madre se devora a sí misma,
en rienda suelta a tanto
desmán.
Sólo quiero que acojas mis trozos
apesadumbrados,
invisibles, ya torcidos,
y los ensambles
como si yo no existiese.
Estoy desgastada del primer empujón.
No calibré bien y el asesino en serie
clavó demasiado las garras esta vez.
Doy vueltas de mosca moribunda
he usado todas las señales
ya nada me indica
más que estallidos de luz
y luego vómito
sólo silencio.
Después del aullido, recógeme
soy la inercia asesina
de todas las cosas.

Cuando me quede ciega

Hoy el cielo es viejo,
de Chernobyl, metálico, feo como un
incesto sólo imaginado.
Hoy el cielo no llama a nadie
sólo es una bóveda hueca,
inerte, donde subirse a horcajadas,
y lanzarse para morir aplastado
de tantos sueños, tantos vuelos.

Ando a manotazos, dentelladas
(sí, secas y calientes)
porque busco todas las calientes)
porque busco todas las calaveras
que aún se deben desenterrar.
Ya no actúo,
sólo duermo, sin rayos de luz,
sin premoniciones, seca
como un desierto de ataúdes vacíos
que me esperasen al final de
una pesadilla ya vivida.
me ahogo, tengo la boca
colmada de seda
ahogando sueños.

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